Opinión, politica

Segunda carta abierta a Felipe González

Señor Gonzalez:

Al igual que la primera carta que me permití escribirle, gracias a la oportunidad que me brindan las redes sociales, tampoco espero que esta la lea (podría usted leer la primera, pinchando aquí, aunque no lo espero).

Quiero manifestarle mi más sincero sentimiento de repugnancia, siento decírselo así, y, esta vez, con acritud, Señor González, no voy a engañarle, para engaños ya se pinta usted solito. Sí, señor González, porque ha mantenido usted engañada a mucha gente. Muchos que creyeron un día que usted representaba sus principios y sus valores. Que usted era la izquierda. Y usted demuestra cada día que, no sólo no es la izquierda, sino que representa lo más reaccionario y casposo de la política y de la propia filosofía de vida.

Ni siquiera es usted demócrata, señor González,  porque ya se encargó sobradamente de manejar todos los hilos y de tejer todas las urdimbres necesarias para derribar al Secretario General de su partido, mediante un golpe de estado – sí, ha leído usted bien, un golpe de estado – mediante sucias artimañas, por el solo hecho de que Pedro Sánchez no se plegaba a su deseo de que se permitiese el gobierno al Partido Popular. Por ello le pedía en aquella carta, esa que seguramente no ha leído, que entregase su carné de Socialista e ingresase en el PP, cuyas ideas son más afines a las que usted pregona de un ya largo tiempo a esta parte. Hoy creo ya que, ni siquiera el Partido Popular está cerca de su ideología, considero que ha traspasado, incluso la barrera de la derecha, para acercarse a la extrema derecha.

Su obsesión con la oposición venezolana y su defensa tan a ultranza de Leopoldo López y sus seguidores, parece enfermiza, aunque todos sabemos que no lo es, que lo que usted pretende es desgastar a Podemos, de un modo u otro, porque le incomoda la idea de que Unidos Podemos pudiese algún día gobernar el país y levantar las alfombras.

Mire, señor González, a ningún demócrata le gusta que existan presos políticos, ni que se enturbie la democracia, pero no intente engañarnos: si Podemos no existiese, a usted Venezuela le importaría una higa, del mismo modo que le importan un rábano la corrupción, el comportamiento de la justicia, los presos por la aplicación de la ley mordaza, los desahucios, los recortes, el deterioro de nuestra democracia – la nuestra, señor González, no hace falta irse tan lejos – el incremento alarmante de los índices de pobreza, la quiebra de la hucha de las pensiones, la precariedad del empleo, el índice de paro. No le he escuchado hablar de nada de esto. Cada vez que tiene usted a mano un atril, o un micrófono, habla únicamente de la situación de Venezuela.

Sus últimas palabras sobre Venezuela, ya que tanto le gusta el tema, han sido que debería llevarse a cabo una intervención militar. ¿Está usted proponiendo un golpe de estado? ¿O está usted proponiendo una  situación ya vivida – eso que se conoce como déjà vu – cuando los EEUU intervenían en la práctica totalidad de américa latina en una especie de protectorado? ¿Está usted tratando de llevar a un país a un conflicto civil, únicamente por su animadversión hacia un partido político español?

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Podemos y el PSOE

Podemos surgió de la nada y con unos principios que trataban de aglutinar lo más básico y aquello en lo que una mayoría pudiese sentirse identificada. No importaban los colores, ni las banderas, ni siquiera las ideologías. El objetivo consistía en dejar a un lado ciertas rémoras del pasado para unirse en proyectar un nuevo presente y un futuro diferente.

Muchos abrazamos esta idea, porque nos sugería que era la única forma de romper el tradicional juego democrático que se nos había impuesto desde el 78 en el que  el centro derecha (hoy derecha) y el centro izquierda (hoy derecha) se alternaban en el poder, con políticas cada vez más semejantes.

Precisamente esta deriva del partido que representaba el centro izquierda, o sea, el PSOE, hacia posiciones liberales e incluso conservadoras, provocó una fuga de simpatizantes, votantes, e incluso militantes, hacia Podemos. Entonces Izquierda Unida continuaba manteniendo su identidad propia.

Los avatares de la política, que todos conocemos, condujeron a IU a confluir con Podemos y al PSOE, comandado por las viejas glorias, confortablemente instaladas en sus posiciones de bipartidismo y continuismo político, a quitarse la careta y mostrarnos su rostro más despiadado de partido reaccionario, urdiendo una maquiavélica trama para despojar a Pedro Sánchez de la dirección del partido, en contra de la militancia con el más puro estilo fascista y antidemocrático. Creyeron que eso iba a bastar para aupar a Susana Díaz a la Secretaría General, que la militancia era domesticable y que se la manipularía fácilmente. No fue así. Pedro Sánchez dio la batalla y volvió a recuperar el poder que le habían sustraído. Esta vez había prometido abandonar la línea liberal que la formación mantenía hasta entonces y un acercamiento con Podemos.

Y es cierto que el nuevo Secretario General ha querido dar un golpe de timón y está manteniendo otra actitud frente a Podemos. No obstante, en mi humilde y personalísima opinión, no se está haciendo lo suficiente. He venido observando que continúan existiendo guiños a Ciudadanos, que no es sino retornar al pasado. Acudir a cualquier parte con Ciudadanos, o con la idea de que se puede contar con Ciudadanos es lo mismo que acercarse al PP y sostener el mismo status de corrupción política y democrática que existe ahora. Ciudadanos es de los de amagar y no dar, dicho de otro modo ¿cuántas veces han afirmado que iban a retirarle el apoyo al PP si salían a la luz más casos de corrupción? ¿Cuántas lo han hecho?

En Andalucía el PSOE ha votado junto al PP y C’s un aumento salarial de los diputados de la Junta, en contra de los postulados de Podemos. No se puede consentir que en un país en crisis, con salarios miserables, con un índice de paro astronómico, con un aumento imparable del riesgo de pobreza, con una sanidad herida de muerte y un sistema educativo a punto de ingresar en la UVI, permita que sus dirigentes políticos aumenten sus emolumentos, que dependen del erario público. Ese montante económico debería dirigirse a mejorar cualesquiera de las situaciones descritas. Si hay dinero debe ser para los más necesitados. Y si no hay, no lo hay para nadie.

A lo mejor el nuevo PSOE, el de Pedro Sánchez, considera que con reuniones, postureo y fotos cara a la galería va a conseguir recuperar los votos que se le escaparon al partido por su viraje brutal a la derecha. Por mucho que quieran manipular las encuestas y tratar de influenciar a una población a la que deben considerar mema, el PSOE no va a recuperar electorado mientras no demuestre que defiende realmente los intereses de la mayoría de la ciudadanía y de los más necesitados. Si eso sucediese puede que Podemos no fuese necesario. Pero si no sucede, va a ser el PSOE el que no va a ser necesario. No es fácil que la vida te de una segunda oportunidad. A Pedro Sánchez se la ha dado, sería una pena que no la aprovechase.

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¿Aquí, cuando?

He estado unos días en Oporto. Una ciudad colgada sobre el estuario del Duero, que desconocía y que me ha sorprendido gratamente. Jirones del pasado se desprenden de sus calles. Un pasado que se antoja próspero. Un presente que se vislumbra decadente. Arrasado por una crisis que se ha llevado consigo toda la prosperidad que sus plazas y sus ruas anuncian en la elegancia de unas edificaciones cuyo brillo se ve apagado.

En la fachada de la Universidad descubrí algo que me dejó impactado, algo que reconocí como admirable. Era una placa. Y la placa dice lo siguiente:

A universidade de Porto presta homenagem  aos estudantes que foram vítimas da represao da Ditadura, entre 1926 e 1974, em virtude da sua participaçao cívica e política na luta pela Democracia e pela Liberdade.”

Un sentimiento de alegría, de respeto, de gratitud, incluso, de júbilo, recorrió mi cuerpo, porque, en cierto modo, me sentí representado en esa placa, que nadie jamás ha clavado en ninguna pared de nuestro país, cuando los estudiantes fuimos también los agentes activos más importantes en la lucha contra la dictadura franquista.

Albergué, al mismo tiempo un sentimiento de tristeza, de impotencia, de rabia y de indignación, al recordar precisamente lo que acabo de referir: que en España no se ha reconocido la labor de nadie en favor de la lucha por las libertades y por el restablecimiento de la democracia. Ni a estudiantes, ni a sindicalistas en la clandestinidad, ni a miembros de partidos de la izquierda que fueron perseguidos, torturados y encarcelados. A nadie. Aún más, ahora pretenden convencernos de que la ilegalidad fue la República y que el golpe de estado que ejecutó el general Franco, fue para restaurar un orden legal que había sido subvertido. ¡Es intolerable!

La II República fue la instauración de un régimen clamorosamente solicitado por una ciudadanía, hastiada de una monarquía corrupta que junto con la aristocracia se repartían el país y vivían en la opulencia a costa de la precariedad de la clase trabajadora.

Cuando a algunos se les llena la boca de satisfacción hablando de la Transición Española, como un ejemplo para el mundo, más valía que se callasen, puesto que en este país no se ha realizado una transición hacia ninguna parte, sólo ha sido el maquillaje de un régimen para mantener engañada a una población con una falacia a la que llaman democracia.

Para ejemplo, el de Portugal y su revolución de los claveles del 25 de abril de 1974

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