literatura, Opinión, politica

Recuerdos del futuro (relato)

investigación

No había deseado que lo acompañasen al aeropuerto. Odiaba las despedidas, y en especial aquélla, un frío martes de febrero en el que las hojas mustias de los árboles huían por los callejones o se apilaban en las esquinas, formando montones ocres, dorados y pardos, como caprichosas, abstractas o grotescas esculturas.

Había estado desarrollando, hasta enero, un trabajo de investigación sobre el trastorno de bipolaridad, en la Universidad, pero el gobierno conservador que dirigía los destinos del país, había recortado los presupuestos de investigación hasta la asfixia, de modo que le rescindieron el contrato.

Después de algún tiempo fallido, tratando de encontrar alguna empresa o institución privada que requiriese de sus servicios, optó por dirigir sus esfuerzos a buscar una oportunidad fuera de nuestras fronteras. Quiso la fortuna que le ofreciesen un puesto, excelentemente remunerado y profesionalmente atractivo en el King’s College de Londres. Ahora se encontraba con el alma dividida, debatiéndose entre la nostalgia de abandonar una vida plena de sentimientos, de lazos afectivos, de recuerdos, y la ilusión de continuar con el sueño de la investigación, algo que había estado alimentando desde, prácticamente, la adolescencia.

Fue duro adaptarse a la nueva vida londinense: las nieblas, las aceras mojadas por la lluvia, la escasa luminosidad, los grises cielos nublados, los apagados colores de los árboles, el rayo de sol como la concesión de un regalo divino… pero los años fueron sucediéndose, y, como aldabonazos secos sobre una puerta, terminaron por sumar, uno a uno, una nada despreciable cantidad de tiempo. Conoció a una muchacha que terminaría por ser su pareja. Después la vida les regaló un primer hijo, y más tarde un segundo. Finalmente adoptó la nacionalidad británica, que la garantizaba mayores derechos y mejores condiciones de vida.

A la vuelta de un par de décadas había logrado dirigir su propio equipo de investigación, publicado diversos y valorados artículos, encontrado varios factores desencadenantes de la enfermedad, así como el reconocimiento de la comunidad científica internacional.

El gobierno conservador de su país natal, como cualquier gobierno conservador nacionalista, populista y patriótico, el mismo que lo había arrojado al ostracismo, a la búsqueda de un futuro, extramuros de la patria, ahora se arrogaba el derecho de presumir del talento de su ciudadano oriundo, haciendo de sus éxitos los suyos propios, y exponiéndolos como ejemplo de sus eficaces y valiosas políticas educativas.

No hubo conocido él esas maniobras, y no por resentimiento, sino por justicia, queriendo constatar que su labor, su éxito y sus logros, habían sido fruto del país que le había acogido, primero en calidad de inmigrante, y posteriormente en calidad de ciudadano de dicho país, y no de su tierra de origen que le había alojado en la tesitura de su partida, arremetió furibundamente contra la tierra que le viera nacer, declarando que su alma y su sentimiento ya no pertenecían a este pueblo, sino a  aquel que confió en él y le otorgó la oportunidad de desarrollarse como profesional y como ser humano. Y esto le valió un rechazo absoluto, ácidas críticas, acalorados insultos y sórdidos vilipendios por parte de las instituciones de su país natal. Pero las instituciones conservadoras, reaccionarias, tradicionalistas e inmovilistas de ese país, no habían alcanzado a comprender que, a él, eso ya no le importaba.

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¿Terceras elecciones?

elecciones

Hace tiempo que lo vengo sospechando. Desde que los últimos comicios les otorgaran un balón de oxígeno, ante el temor de un repunte de la izquierda por la confluencia de Podemos e Izquierda Unida, el Partido Popular ha adoptado la estrategia del calamar: arrojar la tinta para ocultarse, para ocultar sus verdaderas intenciones.

Ahora estoy seguro, absolutamente seguro, de que los mayormente interesados en unas nuevas elecciones no son sino Rajoy y sus adláteres. La táctica es clara: enredar a Ciudadanos, de forma que aparezcan como una formación política sin un horizonte claro, sin una ideología concreta – hoy me decanto por esto, mañana por lo contrario – y culpar al PSOE de la imposibilidad de formar un gobierno debido a su intransigencia. Entretanto, aparecen en público, rasgándose las vestiduras, por la catastrófica situación de permanecer bajo la gobernabilidad en funciones, anunciando cataclismos y sanciones, de la Unión Europea, si no se forma gobierno a tiempo de aprobar los nuevos presupuestos. Mienten. Es algo que saben llevar a cabo a la perfección. Lo han venido haciendo durante toda la legislatura, sin descomponer mínimamente un rasgo de sus acartonados rostros. La derecha europea dirige también Europa, y esperará. Barajan la idea, no me cabe duda alguna, de poder echar las redes en los caladeros de Ciudadanos, conscientes ya de que las diferencias entre ellos y el PP se están diluyendo del mismo modo que un azucarillo en el agua; y de que los votantes socialistas, hastiados de la situación, confundidos por lo que pregonan sus dirigentes y las opiniones de los carcamales a los que aún les dan pábulo en el partido, y en los grandes medios de comunicación, se abstendrían en unas nuevas elecciones.

¿Alguien cree que realmente les importa este país? Si les importase no lo habrían saqueado con su organización corrupta. Su objetivo es el poder, y esperarán lo que sea necesario para conseguirlo, porque son conscientes de que si lo pierden, sí que puede suponer su descomposición.

No obstante, se han convocado elecciones para el 25 de septiembre tanto en Euskadi, como en Galicia, y no sería de extrañar que estirasen los plazos para comprobar qué sucede y si sus conjeturas se cumplen.

Vamos a unas terceras elecciones, porque una abstención del PSOE sería su harakiri político. Y si no somos capaces de echarlos en esta tercera vuelta, nos habremos condenado a cuatro años más de retrocesos en todos los ámbitos (económico, social, judicial, cultural y político)

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¿Es tan cómico que es triste, o es tan triste que es cómico?

pacto pp cs

Albert Rivera se desgañitaba en campaña bramando contra la corrupción y vociferando por una regeneración democrática. Su gran apuesta era un no, con mayúsculas, a facilitar el gobierno de un partido corrupto. Pero apenas unos días después de celebrados los comicios, ya “tonteaba” con el “partido corrupto” para conseguir la “gobernabilidad” de España. Toda aquella gallardía, todo aquel espectáculo de sacar músculo, se desinfló, de repente, para tratar de alcanzar un acuerdo, basándolo todo en el gran interés general. El interés, ¿de quién? Él, y su partido, como todos, es consciente de que sus votos no son suficientes y pretenden imprimir presión al Partido Socialista, según todos los analistas y los grandes medios de comunicación tratan de convencernos. Presión, ¿por qué? ¿Qué necesidad tiene el PSOE de resolver una ecuación en la que no es ni la equis ni la y?

Para más cúmulo de despropósitos y escarnio, grotesco como un sainete de los hermanos Álvarez Quintero, sugiere como gran ocurrencia, magistral golpe de efecto digno de un esperpento de Valle-Inclán, la presentación de seis propuestas al Partido Popular que condicionarían su “SI” a la investidura de Rajoy como presidente de gobierno, como si su “SI” fuera decisivo. Es tan cómico, que es triste, o, es tan triste, que es cómico, no sé.

Este “salvapatrias” presenta seis propuestas, con las que, muy probablemente todos podemos estar de acuerdo (aunque eso, ellos no van a considerarlo populismo, por descontado)

Las propuestas, por si alguien las desconoce, son las siguientes:

  1. Expulsar a todo cargo público imputado por corrupción
  2. Eliminar los aforamientos
  3. Cambiar la ley electoral
  4. Acabar con los indultos por corrupción
  5. Limitar el mandato presidencial
  6. Crear una comisión parlamentaria del caso Bárcenas

Independientemente de que a Rivera no se le haya ocurrido plantear ninguna propuesta acerca de las políticas del paro, sociales, de lucha contra la desigualdad (social, económica o de género), de soluciones a los desahucios y a la dependencia, de apoyo a la Sanidad y Educación Públicas, de políticas contra el fraude y de otra serie de cuestiones que afectan a la ciudadanía, independientemente de esto, de las seis medidas propuestas, cabe preguntarse lo siguiente:

Sobre la primera: Si el PP como partido político está imputado por delitos de corrupción, de destrucción de pruebas y de fraude electoral, ¿se puede pactar, proponiendo que se expulse sólo a aquellos cargos públicos que están imputados?

En el caso de la 2, 3, 4 y 6. ¿No deberían indicarse fechas, o, como mínimo, plazos? De cualquier otro modo es un brindis al sol.

En definitiva, el señor Rivera, “el Constitucionalista” – debe de ser que los demás no lo son, por el hecho de que consideren que la misma debe reformarse – “el salvapatrias”, ha montado su circo particular, su puesta en escena, probablemente pensando más en unas futuras elecciones, que le insuflen una imagen de hombre de estado, que en una solución a los problemas de los ciudadanos. Siempre que el PSOE no se pliegue a los deseos de sus momias políticas y pase del NO, a la abstención, o, incluso, al SI, ¿quién sabe?

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Me acordé de ti

Rajoy investidura

Dijo Mariano que España necesita un gobierno, porque no puede permitirse unas nuevas elecciones. Dijo Mariano que si el PSOE no le apoya esto va a ser un desastre sin precedentes. Dijo Mariano, el catastrofista, “el sobres”, el dirigente de la mayor mafia jamás concebida en este país, que si él no gobierna, se truncará la recuperación económica, y la estabilidad.

Y cuando Mariano dijo eso, yo me acordé de ti, que tuviste que buscarte la vida lejos de tu familia y tus amigos, de tu barrio, tu pueblo, tu ciudad.

Y cuando Mariano dijo eso, yo me acordé de ti, que fuiste testigo de cómo ese familiar tuyo agonizaba porque no se le suministraba el Sovaldi, que le hubiese  sanado eficazmente.

Y cuando Mariano dijo eso, yo me acordé de ti, que te expulsaron de tu casa a golpes y empellones, arrojándote a la miserable soledad de la calle, al refugio de unos familiares generosos o unos amigos que te acogieron. O a ocupar edificios abandonados cuando estalló la crisis del ladrillo.

Cuando Mariano dijo eso, yo me acordé de ti, que te molieron a palos por manifestarte en contra de sus políticas.

Y cuando Mariano habló, con ese rictus circunspecto, y esa arrogancia de creerse en posesión de la verdad, yo me acordé de ti, que te negaron la beca, y no pudiste emprender los estudios que tanto tiempo habías anhelado.

Y cuando Mariano dijo eso, yo me acordé de ti, que fuiste víctima del ERE que firmó tu empresa, y te viste en la calle, después de muchos años prestando tus servicios con absoluta profesionalidad.

Cuando Mariano dijo eso, yo me acordé de ti, que te hicieron un contrato de cuatro horas diarias, por un salario mezquino que apenas da para comer.

Y cuando Mariano dijo eso, yo me acordé de ti, que formas parte de los muchos niños que están en el umbral de la pobreza.

Y cuando Mariano dijo eso, yo me acordé de ti, que te dejaron sin ahorros porque te embarcaron en una estafa de compra de acciones preferentes de alto riesgo.

Cada vez que Mariano habla ante el atril, me acuerdo de ti, me acuerdo de todos los que habéis, hemos sido, somos y seremos víctimas de sus políticas.

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¿Realmente somos tan imbéciles?

investidura rajoy

Se necesita no tener vergüenza. Se necesita no tener talla política, ni principios, ni sentido de estado. Presentarse ante la opinión pública a afirmar que se va a intentar formar gobierno y no responder a la pregunta de cuál va a ser su postura si no obtiene los apoyos necesarios, es una burla a la ciudadanía. Presentarse afirmando que este país no puede permitirse unas nuevas elecciones, pero sí un tiempo inconcreto en tratar de encontrar socios que apoyen una investidura, es chusco e insultante. ¿Somos imbéciles? ¿Realmente vamos a tragarnos esta píldora?

En un país como el Reino Unido, cuyo parlamento – el más antiguo del mundo, data del año 1707 – una situación como esta sería inconcebible. Sería inconcebible ya, per se, que un partido procesado por destrucción de pruebas y por delitos de corrupción, se presentase a unos comicios, con los mismos individuos que han manejado el timón, de dicho partido, en las fechas en las que se les acusa de los mencionados delitos. Pero, como he dicho, el Reino Unido tiene una longeva tradición democrática y sus ciudadanos no perdonan, ni la mentira, ni la delincuencia de sus representantes electos. En el Reino Unido, ya habrían dimitido unos cuantos. Lo han hecho por menos de “las mamandurrias” de los nuestros. Y lo mismo sucedería en otros países de tradición democrática como Francia o Estados Unidos, por poner algunos ejemplos.

Tenemos un problema. Un problema que va más allá de los aprovechados y sinvergüenzas que nos han gobernado, sustrayendo el dinero de lo público y embolsándoselo en sus bolsillos, haciendo pagar un peaje a las empresas por obtener contratos con la Administración Pública, arruinando a la ciudadanía, mientras se han estado enriqueciendo sin escrúpulos.

Tenemos un problema muy grave cuando más de ocho millones de personas, conocedoras de estos turbios asuntos, de esta brutal ruindad, siguen apoyando con su voto a los que han robado, o lo han consentido, que lo mismo da. Por eso no podemos compararnos con las democracias del Reino Unido, de Francia o de Estados Unidos. Por eso nuestra tan alabada y ponderada transición política no fue sino un enjuague para permitir que siguiese el mismo estado de impunidad, de corrupción y de pisoteo de los derechos de los ciudadanos. Una Constitución encorsetada, y prácticamente blindada, por las dificultades existentes para su modificación, han permitido un statu quo que beneficia a los que siempre han ostentado el poder económico, y, a través de éste, el político (legislativo y ejecutivo).

Dicho de otro modo: vivimos en un país sin cultura política, que se pliega a las monsergas de los gobernantes, y transige con cualquier cosa por un mísero plato de lentejas.

La parte del pueblo que ha adquirido la conciencia política suficiente y que se ha rebelado, sufre continuamente los ataques de estos tiburones del poder, que pretenden mantener su posición privilegiada a toda costa. Y hablan de la imposibilidad de permanecer sin gobierno y de estabilidad, y de la carestía que supone la celebración de nuevos comicios. Pues, en mi humilde opinión, prefiero celebrar cien veces elecciones y desalojar a estos individuos mezquinos, tramposos, corruptos y autoritarios del poder, que soportar cuatro años más de desgobierno, y de saqueo de las arcas públicas, porque, ¿alguien puede creerse que los que han robado, prevaricado, saqueado y abusado del poder va a poner los medios para castigarlo y erradicarlo?

Dicho de otro modo: Si vuelven a gobernar los que lo hicieron anteriormente, somos un país de imbéciles.

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Un gobierno, ¿para qué?

gobierno en funciones

Un gobierno, ¿para qué?, me pregunto. No sé si alguien más se habrá cuestionado lo mismo. Pero, desde que carecemos de gobierno, hemos dejado de tener sobresaltos cada viernes después del Consejo de Ministros. Es como si nos hubiesen quitado una pesada losa de nuestros cargados y doloridos hombros. El gobierno que nos “desgobernaba” nos “desgobierna” sólo en funciones, lo cual es un alivio: hemos dejado de recibir los hachazos que habitualmente repartía a los sectores más desprotegidos y desfavorecidos de la sociedad. ¿No será mejor no estar gobernados a estar desgobernados?

Sin embrago, con su veintitantos por ciento de porcentaje de apoyo electoral se arroga el derecho de formar gobierno. ¿Por qué, si un seseinta y muchos por ciento no ha querido que gobierne? Siempre lo han hecho, han querido manejar los números a su antojo y según les ha convenido. Y su afán de gobernar les hace invocar una democracia en la que realmente no creen, y lo han demostrado, intentando acallar la voz del pueblo con leyes como la “Ley Mordaza”. Como prestidigitadores que son, se sacan de la manga la idea de que debe gobernar el partido más votado. ¿Desde cuándo?, ¿dirían lo mismo si los números le hubiesen dado la mayoría a Unidos Podemos, por poner un ejemplo? Creo que todos sabemos la respuesta a estas preguntas.

Quieren gobernar, argumentando que ellos son los únicos que pueden garantizar la continuidad de la recuperación económica. ¿De qué recuperación hablan? La recuperación de las grandes corporaciones y de la banca, debe de ser. El beneficio de las empresas ha aumentado un 50%. ¿En qué ha notado ese aumento de los beneficios la ciudadanía, cuando crece progresivamente la precariedad laboral, y no se repercute en los salarios? Si las empresas fuesen más solidarias, y revirtiesen parte de esos beneficios en nuevas contrataciones o mejoras salariales, probablemente repercutiría en el tejido económico, favoreciendo el consumo, generando, a su vez, más empleo, y más consumo, y, al final un aseguramiento del beneficio de esas mismas empresas. Pero parece ser que hemos alcanzado un punto en el que todo es cortoplacista: engordar rápido para morir pronto. Y, al mismo tiempo, destrozar toda una capa social de un país. Si, a todo esto le sumamos una telaraña de corrupción, entre empresas y dirigentes de organismos oficiales, una red, un entramado, urdidos para la financiación de un partido político y el enriquecimiento de su cúpula directiva, ¿qué apoyos pueden esperar del resto de grupos políticos, a excepción de Ciudadanos, que no le hace ascos a nada, con tal de obtener un prestigioso sillón en la cámara, y quién sabe si en el gobierno? Lo único que preocupa a Ciudadanos es la manida y gastada unidad de España, cuando no es, ni mucho menos cierto, que esa unidad esté en peligro. Es sólo el monstruo que necesitan para arrimar el ascua a su sardina. Cuando no hay argumentos, se inventan, ya lo hemos visto en otras ocasiones: Las armas de destrucción masiva, la unidad de España, el rescate económico… y mañana será El Islam, o los ovnis. Lo importante es que exista un enemigo, algo que aterrorice a la población, y erigirse, luego, en el salvador, en el que es el poseedor de la solución.

Pues va a ser difícil que se constituya un nuevo gobierno, a menos que el PSOE se pliegue a los deseos de su vieja y rancia guardia, esos que hace años deberían haber abandonado la primera línea de la política para dejar paso a las nuevas generaciones, esos que desean continuar teniendo el control del partido y mangoneando en la política, creyéndose que el país es su cortijo, el partido su hacienda y sus opiniones verdades absolutas.

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Hace algunos días…

musulman

Hace algunos días, en un vuelo Paris-Madrid, entró en la cabina un hombre ataviado con una chilaba. Lucía una espesa y negra barba, a juego con sus penetrantes y enormes ojos negros. Su tez, oscura y un rictus serio marcaban su rostro.

Observé que el resto del pasaje lo miraba de soslayo cuando pasaba próximo a él. Eran miradas, pensé, relativamente interpretables: duda, miedo quizás, tal vez sospecha, puede que incertidumbre. Yo lo miré un instante a los ojos. Y él me miró a mí también, en el mismo momento y con cierta fijeza. Nuestras miradas se cruzaron, y advertí que pude sentir lo mismo que imaginaba que sentía el resto de pasajeros, sin detenerme a pensar que ese sentimiento quizás no era sino sólo mío, y que yo estaba situando inconscientemente en los demás, para no sentirme culpable de algo, para no sentirme culpable de culpabilizar apriorísticamente, para no sentirme culpable de juzgar sin elementos de juicio, para no sentirme culpable de prejuzgar, para no sentirme culpable de discriminar, de establecer considerandos absurdos.

Y de pronto, me sucedió algo. De repente me imaginé que yo era él. De súbito me imaginé que yo era una persona normal, con un trabajo normal, con una vida normal, que iba a realizar un viaje normal, y que todos, absolutamente todos, me observaban con recelo, con temor, incluso con odio. Y recapacité en que me miraban como si fuese capaz de cometer un acto terrible, una barbarie, como si fuese un asesino. Y me sentí atormentado por el dolor, iracundo por los que en nombre de mis creencias o de mi filosofía estaban consiguiendo la exclusión de una ingente cantidad de seres humanos, ajenos a la sinrazón y a la violencia, angustiado al comprobar la intolerancia y la irracionalidad de los demás. Entonces volví a mirar hacia donde se encontraba el hombre, que ya se había sentado en su asiento, y yo tomé asiento en el mío, sintiéndome ínfimo y despreciable, por el sólo hecho de haber albergado la sospecha.

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