Opinión, politica

Yo, tu, el, Nóos, vosotros y ellos

 

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No se han ido, los hemos echado

No se han ido, los hemos echado. No ha sido Podemos, ese partido radical y antisistema, ha sido el pueblo, ha sido la gente, han sido todos los representantes de la población española, a excepción de los perros falderos del PP que han estado sosteniéndolos hasta la extenuación. Ya se les ha caído la careta, y sería conveniente que algunos de los simpatizantes de esta formación despertaran de la inconsciencia y empezasen a plantearse situarse en otras posiciones del espectro.

No sé si alguien lo ha comentado en algún medio, o en algún foro, pero yo voy a hacerlo hoy en este blog. Voy a romper una lanza en favor de los jueces. Pese a que el estamento judicial es la asignatura pendiente y debiera ser revisado cuanto antes, mejor, creo que en el planteamiento de la moción de censura y en el triunfo de la misma ha tenido mucho que ver. Considero que el tribunal ha respondido a lo que los ciudadanos esperan de él: profesionales que apliquen la ley, soportando las presiones que el poder político y económico, casi con absoluta seguridad, ha ejercido durante todo este tiempo para evitar la catástrofe que se avecinaba. Esta es la única forma, señores del estamento judicial, en la que le devuelven la dignidad a la institución a la que pertenecen, al pueblo y a la Democracia. Hoy, desde aquí, tengo que darles las gracias.

Las palabras de rabia, de impotencia, de rencor y de desesperación de Cospedal, diciendo que “aunque lo diga un juez, el Partido Popular no tenía una caja B”  son la más gráfica expresión de que la justicia ha obrado como se desea que obre, con imparcialidad, juzgando los hechos por los propios hechos y no por quién los ha llevado a cabo. Si El Poder Judicial quiere que la ciudadanía vuelva a creer en él, si desea volver a ser respetado por todos, si espera que la población se sienta orgullosa de su labor y vuelva a confiar en ella, debe continuar por este camino, haciendo honor a su símbolo: los ojos vendados, la espada y la balanza.

Los jueces han llevado a cabo su trabajo, juzgando y condenando a los culpables. La ciudadanía ha llevado a cabo el suyo, expulsando de las instituciones públicas a los condenados: se ha cumplido la justicia Judicial y la justicia Política.

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Pablo Iglesias, ¿sí, o no?

Lo dije en mi post “la cacería ha empezado”, y esto fue allá por 2014. Con la derecha no se puede ir de buena fe, no se pueden hacer las cosas a las claras, porque, el concepto que tiene la derecha de la izquierda, es que la izquierda debe ser miserable – strictu sensu – es decir, vivir en la precariedad (o eres pobre o no puedes ser de izquierdas) Y si eres rico o tienes “posibles” debes estar de su lado. La derecha, el fascismo, basa su ideología, si es que se le puede llamar así, a la simplificación de las cosas: lo bueno y lo malo, el rico y el pobre, el negro y el blanco. En su mente no cabe toda la gama de grises que existe.

Su propósito, desde el día en que Pablo Iglesias apareció, como azote de los conservadores de este país, arrastrando tras de sí a una ciudadanía desencantada y no representada por aquellos que se decían de izquierda, como el PSOE, y hastiados de las luchas intestinas de Izquierda Unida que, con la orfandad que dejó Julio Anguita, no conseguía levantar el vuelo; era destruirlo.

Ahora la derechona rancia de este país, la de los paraísos fiscales, la de los sobres marrones, la del dinero en B, la de los másteres regalados, la de las falsificaciones de firmas, la de las tarjetas black, la mafia, considera que tiene la llave para deshacerse de ese elemento incómodo que pone sobre la mesa todas sus zafiedades y se atreve a llamarles, en público, por su nombre.

He meditado largamente sobre el hecho de la famosa compra de la vivienda, así como sobre la decisión de Pablo Iglesias e Irene Montero de poner sus cargos a disposición del partido. Puede que haya quien se sienta incómodo por el precio del inmueble, porque considere que un militante de la izquierda no puede acceder a determinados bienes, que es una cuestión de principios. Yo no lo creo así, máxime si trato de empatizar con la ignominiosa situación de espionaje consentido (por el poder) en la que vive la pareja por parte de los medios de comunicación afines a los poderes fácticos de este país. Pudiera ser que no fuese el momento más propicio. Pudiera ser que lo razonable hubiera sido dimitir, como hizo Monedero, en lugar de pasarle la pelota a los militantes. Sí lo he pensado. Pero, por el contrario, también considero que puede ser una decisión acertada, que es un elemento diferencial. Cuando en el resto de partidos se produce un hecho que pueda ser origen de controversia, o de escándalo – nada más lejano al tema que estoy tratando – sale toda la cúpula del partido en bloque a defenderlo. Jamás nadie podrá decir que en Podemos hay quien se aferra al cargo, y el que continúa es porque las bases así lo deciden, y el que se va es porque él lo ha decidido, o porque las bases así lo quieren. Esto es lo que continúa haciendo a Podemos diferente.

También he escuchado y discutido sobre si el trabajo de Pablo Iglesias ya está amortizado, dicho con otras palabras, que el crecimiento de Podemos ha llegado a su techo y que Pablo Iglesias ya no va a atraer más votos. A la postre llego a la conclusión de que cualquier otro, y en la formación hay materia prima suficiente para asumir la Secretaría y la Portavocía del partido, es ahora mismo una incógnita: puede o no puede llevar a puerto esa tarea, pero si hay algo seguro es que, del mismo modo que Pablo, tendrá sus partidarios y sus detractores.

Que cada cual vote en conciencia.

 

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La manada y sus derivadas

Cuando en mi entrada “¿Qué salvajada es ésta?” del año 2016, decía “a los que permitís”, me estaba refiriendo a lo que suponía que iba a suceder, y por desgracia ha terminado sucediendo. Hemos sido testigos, como por desgracia lo somos a diario, de la impunidad con la que se tratan determinados hechos criminales.

Podría decir que entre los culpables (porque lo son, aunque no de los cargos por los que debieran haberlo sido) se encontraban miembros de los cuerpos de seguridad del Estado y del Ejército, para encontrar una explicación de lo irrisorio de la sentencia, pero me temo que se han producido otros casos en los que sin que participasen miembros de esa  “cierta” relevancia, donde se han dictado sentencias igualmente indignantes. El machismo taladra esta sociedad podrida en la que vivimos, y, si las mujeres deben sentirse indignadas, yo, como hombre que no concibo nada que no sea diferente a la igualdad de sexos, tengo derecho también a ser objeto de esa indignación y a situarme del único lado que mi conciencia me permite, que no es otro que del lado de las víctimas.

Se ha hecho alusión al voto particular de uno de los magistrados que pedía vergonzosamente  la absolución de los culpables, pero con ello, se olvida que el resto del tribunal ha dictado una condena que deja abierta la puerta para que, energúmenos de este jaez, puedan campear a sus anchas, violando a quien se les antoje. No es bueno, por tanto, que los árboles no nos dejen ver el bosque.

Una indignación más que sumar a la ya existente, pero hay más:

Me indigna que exista una sola mujer que no condene esta sentencia.

Me indigna que no se haya elaborado un comunicado de todos los partidos políticos, sin excepción, criticando y oponiéndose a la sentencia.

Me indigna que el Jefe del Estado únicamente tenga presencia cuando se trata de la independencia de Cataluña o de atentados yihadistas.

Me indigna que los grandes medios de comunicación no hayan convocado una jornada de protesta.

Me indigna que no se haya convocado una huelga general, porque la situación lo merece.

Me indigna que no hayamos salido todos a la calle – hombres y mujeres juntos – abarrotándolas con pancartas y gritos de protesta.

Me indigna esta sociedad machista, inculta y decadente.

 

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