Opinión

La historia continúa, mal que nos pese

Muy posiblemente el Gobierno en pleno estará rezando porque esto se pase, y se pase cuánto antes. Y sospecho que no por razones sanitarias. Rezará como manda la Santa Madre Iglesia, esa que envía a sus cachorros a curar a los desvalidos, a llevarles la cultura (ya sabemos que impregnada de catolicismo) e incluso dignidad, mientras ella hace política de despachos. Ahora no se los ve. La vida de Teresa no vale nada, aunque luego, esa Iglesia, solicite un funeral de Estado. La única vida que defiende es la de los nonatos. El Gobierno se ha ocupado bien de traérnoslos, infectados, sin medidas de seguridad suficientes: Hay que tener a la Iglesia contenta, les proporciona votos. Y por si no bastara los repatría a Madrid, la ciudad más poblada de España. Se imaginan a los afectados de EEUU en Nueva York, Boston o Chicago. Al día siguiente el presidente se habría visto obligado a dimitir. No, en EEUU a los infectados los habrán llevado a un lugar de esos que aparecen en las películas, donde los arbustos cruzan las carreteras impulsados por el viento.

Este lamentable episodio se ha convertido en algo más que un asunto de sanidad, esto es un asunto de humanidad. Humanidad con Teresa, la enfermera que está a punto de entregar su vida por alguien que se demostró que era insalvable. ¿Qué hace el Gobierno? Justificarse en una interminable lista de errores cometidos por la enfermera: que no había seguido el protocolo, que no había informado de su estado, que había ocultado información: las maniobras a las que nos tiene acostumbrados.

Entretanto, sabemos que en otros países los profesionales de sanidad han sido preparados, desde hace tiempo, en el tratamiento del ébola con cursos que van más allá de la semana. Aquí se les entrega un material deficiente y se les lanza al ruedo (La caravana donde el Dr. Walt, de la serie Breaking Bad, preparaba la metilanfetamina, seguro que ofrecía más garantías de higiene y asepsia que los lugares donde han tenido que operar nuestros profesionales sanitarios. Y, por supuesto, mucho más la protección personal). Pero, no nos preocupemos, porque tenemos a Mariló Montero que, en un plis plas, nos explica perfectamente el protocolo.

¿Y, el rey?, ¿dónde está el rey? Esos casi ocho millones de euros anuales que se le entregan por ejercer de Jefe de Estado… ¿para qué? ¿No debería llamar a Rajoy, ponerle las pilas? ¿No debería salir a la palestra, explicar la situación a los ciudadanos? Lo dirá en Navidad, a los que queden…

No es hora de dejar las palabras. Las palabras tienen que estar siempre, pero es el momento de pasar a la acción, de reventar las calles.

Víctor Chamizo

twitt: @vichamsan

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