Opinión

Había una vez un circo…

Decir que nuestro Parlamento, y nuestro sistema socio-político, es un circo, es un insulto al mundo circense. Los que participan en ese espectáculo son gente honrada que con mucha dedicación, esfuerzo y trabajo se ganan la vida y transmiten ilusión y entusiasmo a los que acuden a sus funciones. Nuestros políticos de todo orden (municipal, autonómico y estatal) nos demuestran cada día que no se merecen ocupar el puesto que ocupan y nos transmiten todo lo contrario: desilusión, frustración, indignación y malestar.

Acabamos de ser testigos, nuevamente, de su desfachatez. La señora Ana Mato (me disgusta profundamente tratarla de ministra) ha sido cesada. Sí, por mucho que los medios hablen de dimisión, todos, creo que absolutamente todos, sabemos que ha sido cesada. Ha sido cesada porque después de su estrepitosa mala gestión en todos los asuntos en los que ha participado – absolutamente todos – se ha visto siempre arropada por el Gobierno y no se ha intuido jamás ninguna intención de dimitir, más bien al contrario, se ha defendido siempre y se ha aferrado al sillón como un molusco a la roca. ¿Qué habría sucedido si el Presidente del Gobierno no hubiese tenido que presentar sus medidas contra la corrupción política? Probablemente habrían argumentado la presunción de inocencia, como es habitual, y que hasta que no existiese una sentencia judicial firme no tenía por qué dimitir. Pero la imputación, esta vez, les ha pillado con el paso cambiado y “la han dimitido”. Es así de sencillo.

Otra soberana majadería es que el Presidente “presuntamente” corrupto de un Gobierno “presuntamente” corrupto, presente en el Parlamento medidas contra la corrupción que “presuntamente” todos ellos ya han cometido. Hipocresía en su más clara expresión. De la buena. No sé quién creen que va a creerles. Como dice el dicho “Después de la liebre ida, palos a la madriguera”.

Si en algo nuestro sistema se parece a un circo, no es precisamente en el esfuerzo, valor, dedicación y trabajo, sino en que es un espectáculo en el que todos hacen malabarismos increíbles para, por medio del ilusionismo, convencernos a todos de que en la pista sucede lo que en realidad no está sucediendo. De lo que no se dan cuenta es de que ya los espectadores de esta función nos conocemos el truco.

Es el momento de convocar Elecciones Generales y que las medidas contra la corrupción, las pongan otros que no hayan participado en esta farsa de Democracia.

@vichamsan

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