Opinión

El día de la marmota

Ayer titulaba mi post “No todos los días son iguales”, y hoy “El día de la marmota”. Realmente parecen ideas incompatibles, sin embargo, no lo son tanto. Los sentimientos que se producen cada día difieren, incluso las vivencias del mismo, aunque los hechos de todos los días se asemejen bastante. A los de ayer, a los de anteayer, a los de hace un mes, dos, un año…

Ayer mis sensaciones eran de hastío, de impotencia, de desánimo, pero nunca de resignación. Tenemos que continuar denunciando, a pesar de la terquedad del poder, de su sordera, de su arrogancia y de su incompetencia. Tenemos que seguir exigiendo que se vayan, que convoquen elecciones ya, que este país necesita una reforma estructural y profunda.

Hoy, como en este tiempo anterior, vengo escuchando y siendo testigo de las mismas actitudes, posturas, frases. Un consejero de sanidad que continúa vomitando injurias, insultando a la ciudadanía, a la ética, a la moral y al sentido común. Hace más de un mes que publiqué el post “No me basta con el cese del Consejero de Sanidad de la CAM”, sigue siendo actual, estamos en el mismo día.

Vengo siendo espectador de un gobierno que gobierna para sí mismo, inmerso en la corrupción, maniobrando para salvarse de la indignidad que ya es vox populi, tratando de mover los hilos, como tantas veces ha hecho, para no ser juzgado por jueces incómodos: lo hizo con Garzón, con Silva, ahora parece que le toca a Ruz. No es que hayan perdido la vergüenza, es que no la han tenido nunca. Nos ignoran. Todo les da igual porque hasta ahora la jugada les salía siempre bien. Ya no creo que piensen que somos idiotas, sencillamente les importamos un bledo, nosotros y nuestros problemas, por una sencilla razón: nuestros problemas no coinciden con los suyos. Nosotros somos su problema y ellos, por supuesto, son el nuestro. Cuando digo el nuestro, me refiero a la mayoría. A esa mayoría que nunca les ha votado, pese a la legitimidad a la que siempre arguyen, que nadie les discute, pero, sepámoslo todos, se trata de una legitimidad legal, no moral. Pero, a ellos la moralidad, ¿qué les importa? Si son capaces de traicionar hasta su moralidad cristiana a la que tanto se aferran.

Por si le faltara algo al pastel, tenemos una oposición ocupando su tiempo en reinventarse, con los mismos preceptos, iguales principios e idéntica ideología. Reinvención comandada por delfines de mandatarios anteriores, defendiendo las infames gestiones de sus predecesores, arrastrando el lastre de gobiernos anteriores e ideales alejados años luz de los pilares que sostenían su constitución.

Otra vez hoy, como ayer, como anteayer, se sigue expulsando a la gente de sus casas para regocijo de la banca y de los mercados, que gobiernan este mundo cada vez más imperfecto. Los bancos y los mercados no tienen alma, pero los que los sostienen, dirigen, protegen, alimentan, defienden y aplauden, tampoco, y esos sí son personas, de las que van a misa y salen en las procesiones con peineta.

De nuevo hoy como ayer, se sigue privatizando lo público: se hizo con Telefónica, Tabacalera, Las eléctricas, Repsol… ahora le toca al canal de Isabel II, el agua, un bien de primera necesidad y estratégico. Nos dejan en cueros vivos, todo para la voracidad de los mercados y del gran capital.

Hoy, y esto no es igual que ayer, sino peor, la brecha entre ricos y pobres se ensancha. Un amante de la filosofía  liberal me decía que en Singapur, por ejemplo, había mayor riqueza, aunque, estadísticamente,  existía la misma, o semejante, diferencia entre ricos y pobres, y que él prefería ser más rico, aun a pesar de esa diferencia. ¿Cómo es posible ser tan miope? Un pobre en Singapur tiene las mismas dificultades que un pobre en España, aunque sea más rico que en España, porque la relación de su poder adquisitivo en Singapur, respecto de un rico, es la misma o muy similar a la que existe entre un pobre y un rico en España. Se engañan ellos, y pretenden engañarnos a los demás con sus gráficos de barras que interpretan a su antojo.

Demasiada paciencia tenemos. Demasiado dolor estamos soportando. Aun así no tienen bastante. La cacería organizada contra el nuevo movimiento ciudadano de Podemos es de manual. Como en el año 82, hay que tratar de movilizar el miedo: Podemos es el desastre, el hundimiento del país, la debacle, la catástrofe. Las mismas frases que se escuchaban cuando el PSOE ganó las elecciones por primera vez. Ahora son los del PSOE los que utilizan esas mismas frases. ¡Qué fragilidad tiene la memoria!

@vichamsan

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3 thoughts on “El día de la marmota

  1. Excelente Victor, todo un análisis pormenorizado de la situación real y de lo que está pasando y nos quieren ocultar. ¿Despertará este pueblo algún día, o morirá en su estúpido e irrazonable letargo?….

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