Opinión

La arrogancia del poder

No sé cómo lo viven ustedes. A mí lo que más me indigna del poder es su arrogancia y su falta de sensibilidad. Esa sensación amarga que me provoca, cuando sus órganos nos hablan como si estuviesen instalados en el pedestal de los dioses, en el Olimpo. “¡Qué se jodan!”, los comedores escolares no se abren en Navidad porque los niños están “gordos” – ¿quiénes, los que no tienen para comer? – “no se puede dispensar la medicación para la Hepatitis C porque es muy cara”, hay que desahuciar a la gente que no puede pagar su hipoteca para que los bancos recuperen sus activos, pero, entre los que los rescataron estas y otras veces, están los desahuciados de hoy, “los desocupados no tienen derecho a la sanidad pública” … Va mucho más allá de lo injusto. La palabra injusticia se queda corta, incluso la palabra inmoral, habría que inventar otro adjetivo, ya hemos desgastado éstos, y otros muchos, y no surte ningún efecto sobre su mezquina prepotencia. Ahora, en el colmo de su narcisismo, de su autoritarismo, de su egocentrismo, del enaltecimiento de su victoria – esta vez en las urnas, no por las armas cómo ya lo hicieron antes – siguen permitiéndose el lujo de ignorarnos. Nos ignoran a todos, elaboran leyes en nuestra contra, en contra de los principios que enarbolan como algo sagrado, que es la Constitución de 1978 – papel mojado, arma arrojadiza entre los partidos mayoritarios para defender sus intereses particulares: el voto –

Somos espectadores del encarcelamiento de nuestra palabra. Quieren que seamos testigos mudos de la esclavitud a la que nos están sometiendo. Ya lo intentaron antes. No han aprendido que al pueblo nadie lo calla. Se erigieron en mayoría con el treinta por ciento de los votos y se pavonean con eso, como si les hubiéramos otorgado el derecho de ser los dueños de nuestras voluntades. Se equivocan si se lo creen, y yerran más aún si consideran que, por la repetición de la máxima, van a conseguir convertir falsedades en certezas. Sus propios medios los desacreditan. La valoración de sus líderes, en sus propias encuestas, es absolutamente penosa, ¡cómo será la real! Deben considerar que su estulticia es contagiosa: otro error. Cuando el pueblo está herido de muerte, lucha, lucha hasta la extenuación porque es una cuestión de supervivencia. Y el pueblo ha empezado a luchar, hace tiempo. Ellos continuaran en sus templos hasta que las columnas que los sostienen se desmoronen, y bajen de su cielo hasta el infierno en apenas unos segundos… No sé si lo ignoran o sólo quieren ignorarlo. Morirán heridos de arrogancia.

Dijo un poeta

                Hay hombres que luchan un día y son buenos,

                hay hombres que luchan un año y son mejores,

                hay hombres que luchan toda la vida,

                                                    esos son los imprescindibles

                Bertol Brech

@vichamsan

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4 thoughts on “La arrogancia del poder

  1. María dice:

    Con la miseria aumenta la delincuencia, pero no los chalecos antibalas de los policías. La seguridad laboral es muy cara, supone tengan que recortar su glamour.

  2. Paco dice:

    La arrogancia continúa……………………ahora ya en clave preelectoral…………………dicen que estas Navidades son las mejores de los últimos siete años.

    Seguramente es así, pero ¿para quien?

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