Opinión

Hepatitis C, una agresión a la ciudadanía

Los titulares de los grandes periódicos siempre son indicativos de dónde se quiere focalizar la atención o, quizás mucho más, de dónde no se quiere focalizar. Por desgracia, los principales medios de comunicación no están dirigidos por los departamentos de redacción, sino por las juntas directivas que, a menudo, sirven a intereses políticos y económicos. Del mismo modo que los trabajadores con los que solemos tratar cuando entramos en un banco no son banqueros, y deben acatar las instrucciones que les llegan desde las más altas esferas. ¿A qué viene todo esto? Sencillamente a que si observamos las primeras planas de los principales diarios del país, no encontramos referencias a un problema que, a mi juicio, y a juicio de muchos, me parece capital: los enfermos de hepatitis c. Con el permiso de todos mis lectores, hablaré en primera persona, para aclarar por qué me parece un problema tan trascendente:

Entiendo todo lo que se ha puesto en cuestión sobre la vorágine despiadada de los intereses de los laboratorios y la tesitura en la que pueden llegar a situar a cualquier gobierno, pero por encima de cualquier interés económico está la vida. Nuestro orden social y moral sitúa a la vida por encima de todo. Las condenas públicas de repulsa por los actos de terrorismo, por las muertes consecuencia de la violencia machista, no sirven de nada si observamos que al colectivo de enfermos por hepatitis c se le abandona a su suerte. Mientras se negocia con las farmacéuticas o se estudia elaborar las leyes de control o de regulación necesarias – que, a mi juicio, hacen falta – hay que salvar todas las vidas posibles, cueste el precio que cueste. No se puede tolerar que la alcaldesa de Madrid vaya a celebrar un acto, ensalzando su catastrófica labor ante el Ayuntamiento de Madrid, que cuesta 40.000 euros, mientras haya un solo enfermo de hepatitis c sin tratamiento.

No es tolerable que para resolver un problema de esta magnitud se convoque un comité de expertos, con unos plazos de resolución inadmisibles y que, como una broma macabra, esté formado por individuos con reconocidos intereses en empresas farmacéuticas. La sensación es la que me produce todo lo que hace y ha hecho este gobierno: dilatar el problema para que se muera de asco en alguna vía muerta y continuar regalando prebendas a sus grandes amigos, propietarios de grandes empresas.

Lo que están haciendo con la hepatitis c, nos lo van a hacer mañana con el cáncer, o, incluso, con la gripe, si es necesario. Es un torpedo más a nuestro sistema sanitario. Es el desmantelamiento de nuestro estado de bienestar social, para enriquecer más a los más ricos, creando una brecha cada vez más grande entre los muchos que se empobrecen más cada día y los pocos que se enriquecen más cada día.

Debemos denunciarlo todos los días, porque ellos tienen paciencia sobrada para soportar la presión y a nuestros enfermos cada vez les queda menos tiempo. Su tiempo es la muerte de nuestros conciudadanos. No podemos permitir que jueguen con nuestras vidas, y menos que se rían de ella, cuando, aquellos que dicen que nos representan, acuden a manifestaciones por delitos de terrorismo, olvidándose de sus propios muertos.

De nuestro Jefe del Estado, no digo nada. Que cada cual saque sus propias conclusiones. Para mí, desaparecido, y no en combate.

15 de enero de 2015

@vichamsan

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