Opinión

31 de enero, un día que puede hacer historia

Se han hecho muchos análisis, en estas últimas horas, sobre la manifestación que tuvo lugar el domingo, en la Puerta del Sol de Madrid. Una demostración de músculo, han dicho algunos, un test para probar la fuerza de “Podemos”, otros.  Casi todos los comentarios seguían parecidas líneas de argumentación.

La experiencia indica que a las manifestaciones acude, realmente, no toda, sino una representación de la población que coincide con los fines de la misma. A mi juicio, la demostración del domingo tiene una lectura muy diferente a las demostraciones de músculo de un partido. Lo del domingo expresa la necesidad que, una gran parte de la población tiene, de que se produzca un cambio en la forma de hacer política en nuestro país. La ciudadanía está exhausta del trato que recibe por parte de unas instituciones que supuestamente deberían ser sus representantes. Hay un hastío generalizado, más que por el abandono, que también, por el desprecio al que se le somete. Se ha estado legislando en su contra, y sin su aprobación, se ha estado abusando de su civismo, de su espíritu democrático, de su comprensión. Se le ha estafado, robado, vilipendiado, insultado, ofendido, dañado, manipulado, agredido, amordazado, condenado. Ante estos atropellos la ciudadanía ha salido a la calle repetidamente, innumerables veces,  a manifestar su malestar, a llamar la atención de un poder instalado en su pedestal, que no ha escuchado, porque no ha querido descender de él. Ahora, la ciudadanía, ante la torpe sordera del poder, en el que se incluyen el gobierno y el partido mayoritario de la oposición, ya que otros han empezado a ser conscientes de lo que viene ocurriendo, la ciudadanía, digo, se ha movilizado, se ha organizado y ha comenzado a construir sus propias estructuras políticas. El domingo, en la Puerta del Sol, se respiraba ilusión, fundamentalmente ilusión. Los hombres y mujeres de este país que estaban en la calle el domingo no pedían, ni exigían nada, porque ya están hartos de pedir, de exigir, de llamar la atención a los que les dirigen. Los que se encontraban en el centro de Madrid el domingo, pacíficamente mostraban que estaban ilusionados con un proyecto que sirva para que las cosas se hagan de otra manera, que otra forma de hacer política es posible, que lo que importa de un país son sus ciudadanos, no una bandera, un icono, una marca – que es en lo que se han empeñado en convertirnos.

Mientras todo esto ocurre, los grandes partidos continúan instalados en su autismo, tratando de vencer su miedo a perder algo que consideran suyo por derecho propio, el poder, arremetiendo contra el pueblo. Se les ha olvidado que el poder ni es, ni ha sido nunca suyo, que el poder lo otorgan los ciudadanos. Y en esas condiciones pretenden dar lecciones de democracia.

2 de febrero  de 2015

@vichamsan

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