Opinión

¡Hay que echarlos!

Estamos sufriendo, muy probablemente, la crisis más aguda y amarga de nuestra Historia, si obviamos las tremendas consecuencias de nuestra guerra civil. Me detengo a meditar sobre los sucesos de estos momentos, tratando de centrarme sencillamente en los sentimientos, intentando despojarme de la ideología, incluso de los principios que han regido mi vida. Quiero intentar sentir el dolor de aquel al que han expulsado de su casa, porque la adversa situación en que le ha situado la vida, le ha dejado sin posibles para afrontar el pago de su vivienda. Quiero meterme en la piel del joven que tiene que abandonar su familia, sus amigos, su localidad; ese joven que tendrá que dejar de jugar los partidos de fútbol con sus amigos, o sus excursiones a la sierra, o sus noches de fiesta, porque aquí no tiene futuro. Esa persona, es posible que no vuelva, que forme una familia, en el puerto donde atraque, que se lleve su conocimiento, su preparación y su ilusión, que hemos aportado entre todos, para que no regrese jamás y sea aprovechada por otros. Tengo que situarme en la piel de los enfermos que no ven una salida a la situación dramática que padecen, porque los recursos económicos no se distribuyen adecuadamente. Me introduzco en la mente del profesional que ve pasar los días esperando que le llamen para reiniciar su vida con un trabajo que nunca llega, desesperado, agotado, sumido en la depresión. Escucho en mis oídos el susurro de los artistas que ven imposible ejercer su actividad porque el mazazo de la subida del IVA,  ha destrozado, literalmente,  su profesión. Me veo en el olvido al que han postrado a los profesionales de la enseñanza, a los funcionarios, en general, a los que han machacado, como si fuesen los responsables de lo sucedido.

Y después, cuando despierto de este ejercicio tan doloroso y lacerante, miro a mi alrededor y observo las palabras vacías de los que gobiernan, de los que quieren seguir dirigiendo nuestro destino. Recuerdo la ingente cantidad de dinero que le suministraron a la banca, jurando que iban a devolver y que no han devuelto. Reparo en la innumerable lista de responsables políticos imputados por delitos de corrupción. Escucho perplejo las mentiras que salen de sus bocas, sus promesas de siempre, sus excusas, sus justificaciones. Me asombra que se pueda salir en público a dar la cara sin sonrojarse. Me sorprende que en este país seamos tan tolerantes. No puedo entender que, después de todo esto, exista alguien, que no esté implicado en sus sucias tramas, pueda seguir depositando un ápice de confianza en ellos.

Si ganan, si vuelven a ganar, no seremos víctimas, sino culpables. Si ganan, si vuelven a ganar, es que no nos queremos nada a nosotros mismos. Si ganan, si vuelven a ganar, seremos el pueblo más idiota que pisa la faz de la Tierra. Si ganan, si vuelven a ganar, es que queremos suicidarnos. Si ganan, si vuelven a ganar, el problema ya no son ellos, somos nosotros. Si ganan, si vuelven a ganar, ya no somos un pueblo, somos un rebaño de borregos.

Ahora tenemos la oportunidad. ¡Hay que echarlos!

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7 thoughts on “¡Hay que echarlos!

  1. Contundente a la vez que muy acertado último párrafo. Si ganan, si vuelven a ganar además de ser el pueblo más idiota, seremos el mas ignorante, el más manipulable, masoka, el más irresponsable…. y lo peor de todo, de esta crisis, este gran mazado que hemos recibido, esta mancha en la historia de nuestro país no habremos aprendido nada, con lo que estariamos condenados a repetirlo.

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