Opinión

La imputación de Mas: otra torpeza

Ha llegado septiembre y ha comenzado la función circense. La imputación del presidente Mas por la consulta del nueve de noviembre, no sólo es ridícula, sino que no tiene ningún fundamento. Es un acto de provocación puesto que centenares, sí, centenares, de individuos  más que sospechosos de haber estado robándole a espuertas a los ciudadanos de este país, se pasean libremente por las calles, burlándose de toda la ciudadanía. Mientras los implicados en los casos de la Púnica, la Gurtel, los ERES, Bankia, Bárcenas, Nóos, lista Falciani, Blesa… mientras todos ellos andan sueltos y sin dar explicaciones, al señor Mas se le imputa por el hecho de haber convocado a los ciudadanos de su autonomía a una consulta, democrática, que no se olvide, sobre la posición de autodeterminación de los ciudadanos. La consulta, además, no tuvo más que el carácter de encuesta, ya que les fue prohibido un referéndum, que de haberse realizado no nos habría llevado jamás a las situaciones de tensión que después se han producido, todo por el empecinamiento del partido en el gobierno de demostrar su poca talla política y su carencia del sentido de la democracia – lo cual a muchos no nos sorprende, y menos a estas alturas.

El gobierno, y el partido al que representa, pasará la pelota de la responsabilidad de semejante sinsentido a la justicia, que es la forma que tiene,  de sacudirse las moscas cuando no le interesa ser el protagonista y le interesa que sean  otros los que le hagan el trabajo sucio; pero una gran mayoría ya no es engañada con tales artimañas.

De cualquier modo, al menos yo, no entiendo bien qué pretenden. Todos los pasos que den en esa dirección no pueden hacer sino otra cosa que obstaculizar el diálogo y generar más descontento y más insatisfacción entre los ciudadanos de Cataluña. Al gobierno parece que le satisface echarle leña al fuego y alimentar las tensiones. No se entiende demasiado, teniendo en cuenta lo que le queda de “vida”. Habría sido más sencillo y nos habría evitado mucho sufrimiento a todos que se hubiese podido realizar un plebiscito con todas las garantías democráticas. Eso sí, habría que haber establecido muy claramente quiénes serían los ciudadanos de pleno derecho para votar en el mismo, ya que existen muchos catalanes que por distintos motivos tuvieron que abandonar Cataluña y son y se sienten tan catalanes como los que allí viven. Y no parece tampoco muy democrático que aquellos que tuvieron que salir, cuya estirpe es catalana de generaciones, no  se les permitiera el derecho a decidir, mientras otros ciudadanos que se asentaron en tierras catalanas hace dos o tres años, si lo tengan.

Es necesario, por tanto, que alguien detenga todo este conjunto de insensateces y comiencen a hacerse las cosas bien. Y el primer paso es desalojarlos del gobierno en los comicios de diciembre.

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