Opinión, politica

¿Aquí, cuando?

He estado unos días en Oporto. Una ciudad colgada sobre el estuario del Duero, que desconocía y que me ha sorprendido gratamente. Jirones del pasado se desprenden de sus calles. Un pasado que se antoja próspero. Un presente que se vislumbra decadente. Arrasado por una crisis que se ha llevado consigo toda la prosperidad que sus plazas y sus ruas anuncian en la elegancia de unas edificaciones cuyo brillo se ve apagado.

En la fachada de la Universidad descubrí algo que me dejó impactado, algo que reconocí como admirable. Era una placa. Y la placa dice lo siguiente:

A universidade de Porto presta homenagem  aos estudantes que foram vítimas da represao da Ditadura, entre 1926 e 1974, em virtude da sua participaçao cívica e política na luta pela Democracia e pela Liberdade.”

Un sentimiento de alegría, de respeto, de gratitud, incluso, de júbilo, recorrió mi cuerpo, porque, en cierto modo, me sentí representado en esa placa, que nadie jamás ha clavado en ninguna pared de nuestro país, cuando los estudiantes fuimos también los agentes activos más importantes en la lucha contra la dictadura franquista.

Albergué, al mismo tiempo un sentimiento de tristeza, de impotencia, de rabia y de indignación, al recordar precisamente lo que acabo de referir: que en España no se ha reconocido la labor de nadie en favor de la lucha por las libertades y por el restablecimiento de la democracia. Ni a estudiantes, ni a sindicalistas en la clandestinidad, ni a miembros de partidos de la izquierda que fueron perseguidos, torturados y encarcelados. A nadie. Aún más, ahora pretenden convencernos de que la ilegalidad fue la República y que el golpe de estado que ejecutó el general Franco, fue para restaurar un orden legal que había sido subvertido. ¡Es intolerable!

La II República fue la instauración de un régimen clamorosamente solicitado por una ciudadanía, hastiada de una monarquía corrupta que junto con la aristocracia se repartían el país y vivían en la opulencia a costa de la precariedad de la clase trabajadora.

Cuando a algunos se les llena la boca de satisfacción hablando de la Transición Española, como un ejemplo para el mundo, más valía que se callasen, puesto que en este país no se ha realizado una transición hacia ninguna parte, sólo ha sido el maquillaje de un régimen para mantener engañada a una población con una falacia a la que llaman democracia.

Para ejemplo, el de Portugal y su revolución de los claveles del 25 de abril de 1974

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