Opinión, politica

Cada día que pasa me siento más defraudado

Cada día que pasa me siento más defraudado. Casi es más ese sentimiento que el de indignación, y no es poco este último.

Lo peor, lo que más me atormenta no es que me defrauden los políticos, no es que me indignen las instituciones. Los políticos, la mayoría de los políticos, se dedican a eso, a hacer política, a hablar y prometer, o a justificarse, o a echarle la culpa al de enfrente, a los propios ciudadanos, a todo, menos a su propia producción de mentiras y de promesas incumplidas, de falta de responsabilidad y de respeto, a su indecoroso enriquecimiento.

Lo que más me defrauda, lo que más indignación me produce son mis propios conciudadanos. No todos. Al igual que no todos los políticos. Pero sí una inmensa mayoría.

Me siento defraudado cuando observo a mi alrededor y escucho las quejas, los lamentos, los improperios que los demás lanzan contra todo, contra el sistema en general. Pero no me siento defraudado por escucharlos, porque todos ellos sienten lo mismo que yo, lo mismo que muchos sentimos. Me siento defraudado al contemplar el ignominioso inmovilismo en el que estamos sumidos. Todos. Absolutamente todos. Nos quejamos en las calles, en los bares, en las reuniones familiares, en las redes sociales. En todas partes nos quejamos. Pero, ¿qué hacemos?, ¿Qué coño hacemos? ¿No deberíamos estar en la calle protestando, prácticamente a diario, porque nos suben el precio de la luz, porque el empleo sigue siendo precario, por el maltrato a la mujer, en todos los ámbitos y los aspectos de la vida, por el ostensible deterioro de la sanidad y de la educación, por los retrocesos en nuestros derechos económicos y sociales… por todo?

Pues, no. No lo hacemos. Es más, observo – posiblemente observamos – como los que representan a las clases poderosas, los que manejan los hilos, los que nos manipulan como muñecos de trapo sostenidos por unos cuantos hilos, siguen haciéndose con el poder, con el voto de todos esos que se quejan en la intimidad y que hablan pestes de la clase política y de los dirigentes.

Basta echar un vistazo a lo que ha sucedido en Cataluña. Cualquiera medianamente inteligente y con algo de sensibilidad puede llegar a entender que exista una cierta cantidad de población que albergue un sentimiento profundo de independencia, que desee romper con una situación política que le hastía: la corona, los gobiernos de derechas, la bandera franquista – franquista porque el general se apropió de ella como si fuese la enseña de un partido político – el sentimiento anticatalanista que han fomentado en una gran parte de España. Todo eso puede entenderse, pero lo que no soy capaz de comprender es que eso empuje a votar masivamente a partidos que defienden el conservadurismo, como son Ciudadanos y la burguesía Catalana de CIU, Junts pel si o Junts per Catalunya, o como quieran bautizarse y rebautizarse. El independentismo ha sido, sin duda, el mayor éxito para ocultar todos sus desmanes y sus corruptelas, haciendo que la ciudadanía se olvide de los verdaderos problemas, los que van a seguir existiendo con independentismo o sin él, es decir, la supremacía de las clases poderosas sobre las clases oprimidas, lo de siempre. El caramelo de la independencia ha traído la irrupción de la derecha en todos los estamentos del poder, gracias a los trabajadores que, una vez más, han querido dejarse engañar por una quimera.

El resultado de todo no es otro que el de que, la única independencia posible, llegará cuando seamos capaces de desalojar de las instituciones a los conservadores y reaccionarios políticos de la derecha, que sólo defienden perpetuarse en el poder y manejar la economía y la sociedad a su antojo, para poder seguir gozando de sus privilegios, exprimiendo el pueblo. Si no luchamos unidos, contra eso, estamos perdidos. Independentistas y no independentistas.

Entiendo que para algunos puede ser difícil, pero hay que separarse un poco de ese sentimiento y ver las cosas con un poco de perspectiva para comprender que distraerse con la zanahoria es dejar que nos lleven por el camino que ellos quieren.

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4 comentarios en “Cada día que pasa me siento más defraudado

  1. segismundo dijo:

    No estoy de acuerdo en su connotacion: “El caramelo de la independencia” No es un caramelo, es una aspiración de muchos, muchíisimos catalanes.

    • No discuto que exista un sentimiento real de independencia en una parte más o menos considerable de la población ctalana, de hecho creo que queda claramente reflejado en el artículo. Pero, sigo opinando que algunos partidos políticos han hecho uso de ese sentimiento para tapar sus vergüenzas y que lo han utilizado a su favor. Es mi opinión – y también es mi sentimiento – aunque no coincida con la suya, que respeto profundamente.

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