Opinión, politica

¿La convivencia, qué convivencia?

Hace años que no sigo los disursitos de Navidad de La Corona. No porque sea republicano, sino porque resultan absolutamente aburridos, insulsos, y capaces de generar la más absoluta indiferencia. El día siguiente y algunos posteriores, las páginas de los medios propagandísticos del régimen los publican íntegros o con la reseñas de las idioteces más importantes.

Este año tocaba, cómo no, hablar de la convivencia. Tócatelo(s). Después del famoso discurso tras el 1-O, llega Nochebuena y el monarca viene a hablar de convivencia, después de las amenazas y de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, lecciones de moralina y llamamiento a la convivencia.

A una buena parte de los españoles le habrá resultado que el borbón ha bordado un discurso memorable, un discurso de concordia o algo así. No creo que opinen lo mismo en otros lugares de nuestro territorio, donde los han apaleado y donde tienen a compatriotas sometidos a una prisión preventiva, que sobrepasa los límites de lo que el sentido común puede considerar como tal.

El Jefe del Estado no ha dedicado palabras para los que se han visto desahuciados, los que han tenido que emigrar porque en este país, al que representa, no les ofrece un trabajo digno, no le importan un carajo las pensiones, ni el salario mínimo, porque eso no debe afectar a la convivencia, se supone.

La corrupción de los miembros de su familia, es obvio que no iba a adolecer de ninguna mención en su discurso, porque eso no afecta a la convivencia entre los españoles. Los españoles muy españoles no pueden soportar que haya una parte del estado que se quiera desligar de esta podredumbre de país, donde unos pocos se enriquecen a costa de otros muchos, pero si sobrelleva resignadamente que la estafen y la roben las instituciones más representativas del mismo, y los miembros destacados de los partidos políticos de la Constitución y la maniquea convivencia. Así nos luce el pelo.

Pudiera ser que si se diese fin definitivamente a la monarquía, esa ciudadanía independentista cambiase de idea. Si se desarrollara un modelo de estado distinto pudiese ser que diera lugar a un replanteamiento de la voluntad separatista de una parte de la población.

Es más que probable que el problema de la convivencia no radique en los catalanes o vascos separatistas. Es más que probable que el problema de la convivencia esté en la propia Corona.

En otras palabras: La Corona no es la solución, sino el problema.

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