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El día que cayó Andalucía

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Podemos y el PSOE

Podemos surgió de la nada y con unos principios que trataban de aglutinar lo más básico y aquello en lo que una mayoría pudiese sentirse identificada. No importaban los colores, ni las banderas, ni siquiera las ideologías. El objetivo consistía en dejar a un lado ciertas rémoras del pasado para unirse en proyectar un nuevo presente y un futuro diferente.

Muchos abrazamos esta idea, porque nos sugería que era la única forma de romper el tradicional juego democrático que se nos había impuesto desde el 78 en el que  el centro derecha (hoy derecha) y el centro izquierda (hoy derecha) se alternaban en el poder, con políticas cada vez más semejantes.

Precisamente esta deriva del partido que representaba el centro izquierda, o sea, el PSOE, hacia posiciones liberales e incluso conservadoras, provocó una fuga de simpatizantes, votantes, e incluso militantes, hacia Podemos. Entonces Izquierda Unida continuaba manteniendo su identidad propia.

Los avatares de la política, que todos conocemos, condujeron a IU a confluir con Podemos y al PSOE, comandado por las viejas glorias, confortablemente instaladas en sus posiciones de bipartidismo y continuismo político, a quitarse la careta y mostrarnos su rostro más despiadado de partido reaccionario, urdiendo una maquiavélica trama para despojar a Pedro Sánchez de la dirección del partido, en contra de la militancia con el más puro estilo fascista y antidemocrático. Creyeron que eso iba a bastar para aupar a Susana Díaz a la Secretaría General, que la militancia era domesticable y que se la manipularía fácilmente. No fue así. Pedro Sánchez dio la batalla y volvió a recuperar el poder que le habían sustraído. Esta vez había prometido abandonar la línea liberal que la formación mantenía hasta entonces y un acercamiento con Podemos.

Y es cierto que el nuevo Secretario General ha querido dar un golpe de timón y está manteniendo otra actitud frente a Podemos. No obstante, en mi humilde y personalísima opinión, no se está haciendo lo suficiente. He venido observando que continúan existiendo guiños a Ciudadanos, que no es sino retornar al pasado. Acudir a cualquier parte con Ciudadanos, o con la idea de que se puede contar con Ciudadanos es lo mismo que acercarse al PP y sostener el mismo status de corrupción política y democrática que existe ahora. Ciudadanos es de los de amagar y no dar, dicho de otro modo ¿cuántas veces han afirmado que iban a retirarle el apoyo al PP si salían a la luz más casos de corrupción? ¿Cuántas lo han hecho?

En Andalucía el PSOE ha votado junto al PP y C’s un aumento salarial de los diputados de la Junta, en contra de los postulados de Podemos. No se puede consentir que en un país en crisis, con salarios miserables, con un índice de paro astronómico, con un aumento imparable del riesgo de pobreza, con una sanidad herida de muerte y un sistema educativo a punto de ingresar en la UVI, permita que sus dirigentes políticos aumenten sus emolumentos, que dependen del erario público. Ese montante económico debería dirigirse a mejorar cualesquiera de las situaciones descritas. Si hay dinero debe ser para los más necesitados. Y si no hay, no lo hay para nadie.

A lo mejor el nuevo PSOE, el de Pedro Sánchez, considera que con reuniones, postureo y fotos cara a la galería va a conseguir recuperar los votos que se le escaparon al partido por su viraje brutal a la derecha. Por mucho que quieran manipular las encuestas y tratar de influenciar a una población a la que deben considerar mema, el PSOE no va a recuperar electorado mientras no demuestre que defiende realmente los intereses de la mayoría de la ciudadanía y de los más necesitados. Si eso sucediese puede que Podemos no fuese necesario. Pero si no sucede, va a ser el PSOE el que no va a ser necesario. No es fácil que la vida te de una segunda oportunidad. A Pedro Sánchez se la ha dado, sería una pena que no la aprovechase.

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¿Qué hubiese sucedido si Sánchez hubiese pactado con Podemos?

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Dejo link a mi artículo en Alcantarilla Social:

http://alcantarillasocial.com/que-hubiese-sucedido-si-sanchez-hubiese-pactado-con-podemos/

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Sánchez, se valiente

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Señor Sánchez:

Me confunde usted. No sé si realmente quiere gobernar o no desea hacerlo. Porque, si quiere, puede. Es cierto que los números se han complicado más que después del 20 de diciembre, pero aún es posible. ¿Qué vértigo le produce pactar con partidos independentistas? ¿La tan cacareada ruptura de España? Sabe usted perfectamente que eso es una filfa urdida por la derecha, que siempre ha necesitado un enemigo invisible, un monstruo de dos cabezas, o de siete, o de las que sean, para atemorizar al electorado y llevárselo a la talega.

Se lo he dicho bastantes veces en entradas de mi blog, pero, claro, ¿cómo va usted a leer a un bloguero anónimo y menos aún sopesar alguno de sus consejos? Es obvio que eso no va a suceder. De cualquier modo me da igual, yo voy a repetírselo: debe usted dejar de marear la perdiz y olvidarse por completo de las viejas glorias que tiene en su partido (los González, Guerra, Bono, Ibarra…) y ponga atención en sus acólitos (Susana, Page, Vara…) que van a degüello a su yugular. Esas viejas momias viven enraizadas en los años ochenta, creyendo que la España de hoy es la España de entonces, su España. Si rompen el carné del partido, como algunos han amenazado, puede que le hagan un favor a usted, a su partido y al país entero, no se lamente por ello.

Señor Sánchez, sea usted valiente, de un paso al frente, pacte con los partidos del cambio – entre ellos no está ciudadanos, no se confunda, ni se deje embaucar por su verborrea de mercadillo – y abra las ventanas y limpie su casa. Tome de una puñetera vez el timón y lleve al PSOE a la izquierda, que es el lugar de donde vino y al que algunos condujeron por  la deriva equivocada, arrastrándolo a las fronteras de la derecha más pura y más rancia. Hágale usted un servicio a este país malherido, a su partido agonizante, y a usted mismo. No convierta al PSOE en el PASOK griego.

Si usted da el paso que la gente quiere, tendrá a la gente detrás.

 

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¿Quo vadis, Sánchez?

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Señor Sánchez, Sánchez Castejón. Me recuerda usted un chiste que contaba el gran humorista catalán, Eugenio.

El chiste decía así:

Saben aquel que diu que era un hombre octogenario que va al médico y le dice:

_ Doctor, mis amigos dicen que hacen el amor todos los días

_ ¿Qué edad tienen sus amigos? – pregunta el doctor

_ Más o menos como yo…

_ Bueno, no se preocupe, ¡dígalo usted también!

Eso es lo que pienso cuando dice usted que representa a la izquierda, que lo dice usted también, como tantos otros socialistas del resto del planeta. Pero la realidad es otra, señor Sánchez. La realidad es que ha perdido usted una gran oportunidad de intentar liderar un cambio político, social, económico y cultural en este país, y puede que con repercusiones en el resto del continente europeo. Y la oportunidad, señor Sánchez la dejó usted escapar tras las elecciones del 20 de diciembre, cuando pactó con un partido de derechas una batería de medidas que, muy probablemente, la formación política con quien las pactó, no tenía ninguna intención de llevar a cabo. Y los hechos lo han demostrado, si tiene usted en cuenta que, en la corta legislatura que va desde las elecciones del 20D a la disolución de las cámaras, los diputados de Ciudadanos han votado siempre, o casi siempre, de la mano del Partido Popular. Prefirió usted a la derecha que a la verdadera izquierda. ¿Por qué? ¿Temor al fracaso? Es posible que usted, o los “Barones”, que dirigen en la sombra el partido, temiesen un fracaso al tratar de salirse de la senda que ha marcado el partido liberal alemán. Pero es usted el Secretario General de un partido, y ya es hora de que meta en los sarcófagos a las momias que pululan por los pasillos de Ferraz, y tome sus propias decisiones. Ahora puede que sea demasiado tarde.

Si hubiese pactado con la verdadera izquierda, es  posible que otros países como Portugal, Grecia, Italia, e incluso Francia, que ya ha demostrado su descontento ante las medidas de austeridad que ha implantado el gobierno socialista galo, con la rotundidad que acostumbran, se hubiesen unido contra estos vientos liberales que soplan sin descanso desde el territorio Teutón, el que siempre ha mantenido en jaque a Europa y el mundo.

En la peor de las hipótesis, vamos a imaginar que esa alianza con los Podemos e Izquierda Unida hubiese sido un fracaso. En ese caso habría usted pasado a la Historia como alguien que quiso romper las reglas de un juego en el que ya se esconden demasiados ases en la manga.

Lo que quiero decirle, señor Sánchez, es que, de una manera u otra ya se ha convertido usted en un fracaso, porque unos nuevos comicios van a arrastrar al partido que representa al pozo más profundo de su historia, y concesiones a la derecha ya no pueden permitirse.

Ese empecinamiento en no pactar con los partidos independentistas, cuando la salud económica y social de un país depende de que no repitan en el gobierno los salteadores de caminos que lo gestionan, es algo que no tiene justificación, máxime cuando el asunto de la independencia no es, en absoluto, un hecho irrefutable, ni, en mi opinión, ahora mismo, un peligro para nadie.

Ahora va usted, como pollo sin cabeza, haciendo llamadas, tratando de encontrar la cuadratura del círculo, que no le lleve a presentarse a unas nuevas elecciones, donde ni siquiera sabe si repetirá como candidato, y donde el descalabro podría ser de proporciones gigantescas, y donde los números ya no resultan tan fáciles como lo fueron tras las votaciones del 20 de Diciembre.

¿Quo vadis, Sánchez?

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¿Terceras elecciones?

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Hace tiempo que lo vengo sospechando. Desde que los últimos comicios les otorgaran un balón de oxígeno, ante el temor de un repunte de la izquierda por la confluencia de Podemos e Izquierda Unida, el Partido Popular ha adoptado la estrategia del calamar: arrojar la tinta para ocultarse, para ocultar sus verdaderas intenciones.

Ahora estoy seguro, absolutamente seguro, de que los mayormente interesados en unas nuevas elecciones no son sino Rajoy y sus adláteres. La táctica es clara: enredar a Ciudadanos, de forma que aparezcan como una formación política sin un horizonte claro, sin una ideología concreta – hoy me decanto por esto, mañana por lo contrario – y culpar al PSOE de la imposibilidad de formar un gobierno debido a su intransigencia. Entretanto, aparecen en público, rasgándose las vestiduras, por la catastrófica situación de permanecer bajo la gobernabilidad en funciones, anunciando cataclismos y sanciones, de la Unión Europea, si no se forma gobierno a tiempo de aprobar los nuevos presupuestos. Mienten. Es algo que saben llevar a cabo a la perfección. Lo han venido haciendo durante toda la legislatura, sin descomponer mínimamente un rasgo de sus acartonados rostros. La derecha europea dirige también Europa, y esperará. Barajan la idea, no me cabe duda alguna, de poder echar las redes en los caladeros de Ciudadanos, conscientes ya de que las diferencias entre ellos y el PP se están diluyendo del mismo modo que un azucarillo en el agua; y de que los votantes socialistas, hastiados de la situación, confundidos por lo que pregonan sus dirigentes y las opiniones de los carcamales a los que aún les dan pábulo en el partido, y en los grandes medios de comunicación, se abstendrían en unas nuevas elecciones.

¿Alguien cree que realmente les importa este país? Si les importase no lo habrían saqueado con su organización corrupta. Su objetivo es el poder, y esperarán lo que sea necesario para conseguirlo, porque son conscientes de que si lo pierden, sí que puede suponer su descomposición.

No obstante, se han convocado elecciones para el 25 de septiembre tanto en Euskadi, como en Galicia, y no sería de extrañar que estirasen los plazos para comprobar qué sucede y si sus conjeturas se cumplen.

Vamos a unas terceras elecciones, porque una abstención del PSOE sería su harakiri político. Y si no somos capaces de echarlos en esta tercera vuelta, nos habremos condenado a cuatro años más de retrocesos en todos los ámbitos (económico, social, judicial, cultural y político)

También en http://www.roostergnn.com

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